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Tratar el eccema

Tratar la atopía: otro nombre para el eccema

La atopía es la predisposición genética para desarrollar alergias. Los atópicos tienen la capacidad de presentar reacciones inflamatorias ante numerosos constituyentes de su entorno cutáneo, aéreo o digestivo. Estas alergias pueden manifestarse como asma, fiebre del heno, conjuntivitis alérgica o dermatitis atópica, también denominada eccema atópico o eccema constitucional. Se habla de terreno atópico.

Estas diferentes manifestaciones pueden estar asociadas entre sí o presentarse de manera aislada. La dermatitis atópica es con frecuencia la primera enfermedad a destacar en este terreno. En la mayoría de los casos, estas manifestaciones desaparecen de manera espontánea en la infancia, pero pueden volver a aparecer en la adolescencia o en la edad adulta de forma diferente.

En Europa, la dermatitis atópica afecta a entre un 10 % y un 20 % de los niños menores de 10 años, con un pico de frecuencia entre los 3 y los 5 años. La piel de los atópicos es una piel seca, rugosa, de tez apagada y presenta, en algunos lugares, zonas rojas y fisuradas, las placas de eccema propiamente dichas. Esta sequedad cutánea se debe a una anomalía de la capa córnea que presenta carencia de lípidos, de tal forma que ya no asegura igual de bien su función barrera y deja que determinados agentes externos (polvo, ácaros, pólenes, algunos productos cosméticos) penetren demasiado.

Los brotes de dermatitis atópica deben tratarse aplicando dermocorticoides en cantidad suficiente durante aproximadamente una semana. Cuando no hay brotes, deben realizarse aplicaciones al menos diarias de cremas emolientes (cremas hidratantes y nutritivas ricas en lípidos). Los cuidados de higiene deben ser suaves, con productos sin jabón para no secar demasiado la piel. El baño debe ser templado y no prolongarse más de 5 a 10 minutos.

Tratar otras formas de eccema

Al margen de la dermatitis atópica, existen otras formas de eccemas: eccema de contacto, eccema numular, etc.

Las lesiones típicas del eccema son placas rojas a menudo mal delimitadas, con contornos difusos. En fase aguda, pueden aparecer vesículas (pequeñas ampollas de agua), pero se secan bastante rápido y se convierten en pequeñas costras secas. En fase tardía, las lesiones de eccema pueden ser únicamente visibles en forma de zonas donde la piel parece más espesa, grisácea y rugosa. Se habla entonces de lesiones liquenificadas. Las placas de eccema provocan comezón.

En caso de brote agudo de eccema en un sujeto sin antecedentes, hay que remitirse a un eccema de contacto y buscar en el interrogatorio un producto que pueda ser el responsable (lejía, tinte capilar, producto cosmético, objeto con níquel, etc.). Los eccemas de contacto se tratan mediante la supresión del alergeno y la aplicación de dermocorticoides.