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La alergia cutánea

La alergia cutánea, también denominada hipersensibilidad retardada de contacto, es una reacción de defensa de la piel frente a una sustancia no tolerada y ajena al organismo (alergeno o antígeno). Cada vez que la piel entra en contacto con dicha sustancia, reacciona y se producen manifestaciones cutáneas (eccema, erupción, etc.).

Las etapas de la alergia cutánea

La alergia cutánea se desarrolla en 2 fases diferenciadas:

Fase de sensibilización a una sustancia: la piel está regularmente en contacto con el futuro alergeno. Poco a poco, la piel se sensibiliza sin que aparezca ninguna manifestación cutánea.

Activación de la alergia: la piel desarrolla intolerancia a la sustancia sensibilizante. Cada vez que entra en contacto con el alergeno se activa una reacción inflamatoria con la mediación de las células inmunitarias lo que provoca la aparición de lesiones de eccema denominado “de contacto” más o menos extendidas y severas.

Los efectos de la alergia cutánea en el organismo

Cuando se produce el primer contacto, el alergeno atraviesa la barrera cutánea y queda fijado en las células de Langerhans (células de la epidermis que forman parte del sistema inmunitario). Estas células transportan el alergeno hasta los ganglios linfáticos más cercanos, activando los Linfocitos T que memorizan su identidad. Una vez sensibilizada, todo contacto entre el alergeno y la piel provocará la aparición de lesiones cutáneas. Por lo general, la alergia cutánea se manifiesta en forma de eccema.

El eccema o la dermatitis atópica es una afección cutánea no contagiosa que genera cerca del 30 % de las consultas a los dermatólogos. Esta enfermedad de la piel provoca rojeces, irritación, placas de pequeños granos, descamación y comezón.

La urticaria es una inflamación cutánea muy extendida. En efecto, parece que cerca del 25 % de la población se ve afectada por este fenómeno al menos una vez en su vida. La urticaria provoca la aparición de placas rojas (eritema) y de hinchazón (edema) acompañados de comezón más o menos intensa. Puede ser aguda (unas horas) o crónica (varios meses). En este último caso, no suele tratarse de una alergia.